El Hilo de Ariadna

Educación Social, Cultura y Sociedad

 

Va a Épocas

Así titula Ángela Becerra su columna de opinión de esta semana en el diario gratuito ADN. Siempre me gusta la actitud abierta y optimista de esta columna, pero esta semana, quizás por la situación en la que estoy ahora, me ha encantado.

Ante un mundo donde contínuamente se nos dice que es imposible cambiar las cosas (y en la Administración Pública más, creedme, otro día daré más detalles porque hay cosas de escándalo), creo que es vital que existan personas que creamos en un mundo mejor, que creamos que cambiar las cosas -algunas- es posible. Aunque el resto nos tilden de idealistas y a veces nos frustremos, nos indignemos y nos hierva la sangre ante situaciones absurdas, vale la pena.

“Todo lo que mejora es porque alguien no acepta lo que existe y consigue superarlo. La vida es un balanceo descompasado entre la rutina y la ilusión, entre repetir lo conocido y alcanzar lo anhelado. Las rutinas siempre se heredan, porque en su origen nunca fueron nuestras: nos las transmitieron otros que muchas veces las aceptaron sin más, y cuando en la repetición de lo conocido encontraron su apático bienestar, su beneficio e incluso su poder, nos las impusieron. Este es el principio de la “sociable mezquindad”: bajo ningún concepto nuestras inquietudes pueden alterar y poner en peligro su acolchada comodidad.

Las ilusiones son todo lo contrario: nacen en nosotros. Son estallidos que nos invaden, a veces por un contagio ambiental que nos hace disfrutar una novedad. Pero las importantes, a veces trascendentes, son las que desde la ética incubamos entre nuestras más íntimas inquietudes: aquellos sueños y pasiones que nos elevan, proyectan y, cuando los convertimos en posibles, nos hacen.

La rutina es surco ajeno. La ilusión, alas propias. La rutina sirve para dormir; la ilusión, para soñar. Desde la historia de la humanidad hasta la nuestra personal, todo es configurado por un constante balanceo entre lo trillado y lo nuevo. Y al final, lo único que nos hace mejorar es la búsqueda del bien propio y el bien común, cuando germinan en libertad, sin imposiciones ni fanatismos. Va a épocas.”

Enlace al artículo original

Categoría : cosas de la vida
Febrero 28, 2008
Opiniones : 0
 
 

Decálogo para formar un Delincuente

Me ha llegado una de esas presentaciones en cadena, pero nada que ver con esas del tipo “sé feliz, es gratis”. Se trata de una que recoge el decálogo que ha escrito un juez de menores en su libro.

El juez granadino Emilio Calatayud, conocido por sus sentencias de marcado estilo educativo y que ya llegó a la fama tras la difusión masiva de dos vídeos (éste y éste) de una de sus conferencias, escribe en Reflexiones de un juez de menores las siguentes “normas” extraidas de su experiencia:

  1. Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.
  2. No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.
  3. Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas.
  4. No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.
  5. Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.
  6. Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.
  7. Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.
  8. Déle todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.
  9. Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.
  10. Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.

Podrá gustar más o menos, pero hay que reconocer que da que pensar un rato.

Categoría : educación
Febrero 25, 2008
Opiniones :1
 
 

El Hilo de Ariadna

Cuenta el poeta Ovidio en sus obras que en Creta reinaba el poderoso Rey Minos. Un día, éste prometió a Poseidón sacrificar aquello que el dios hiciera salir del mar, pero el toro blanco que salió era tan hermoso que Minos se negó a su sacrificio y se quedó en su rebaño.

El dios, enfurecido, hizo que Pasifae, la esposa de Minos, se enamorara del toro. Para poder dar rienda a ese amor, Pasifae pidió a Dédalo que le construyera una vaca de madera, donde ella se metía para poder aparearse con el toro. Así fue hasta que quedó embarazada y dio a luz a un ser con cabeza de toro y cuerpo de hombre, el Minotauro.

Tan avergonzado y temeroso estaba Minos de ese horrible ser, que mandó construir un enorme laberinto en el que hizo encerrar al minotauro, quien por su agresividad no recibía más visita que la de Ariadna. En cada novilunio había que sacrificar un hombre para alimentarlo, pues cuando el monstruo no satisfacía su apetito, se precipitaba fuera para sembrar la muerte y desolación de los habitantes de la comarca.

Un día, el Rey Minos recibió una trágica noticia: su hijo acababa de morir asesinado en Atenas. Minos clamó venganza, reunió a su ejercito y lo envió a Atenas para iniciar el ataque. Atenas, al no estar preparada, no pudo ofrecer resistencia y solicitó la paz. Minos, con severidad dijo: “Os ofrezco la paz, pero con una condición: cada nueve años, Atenas enviará siete muchachos y siete doncellas a Creta para que paguen con su vida la muerte de mi hijo”.mosaico

Aquellos jóvenes serían arrojados al Minotauro para que los devorara, pero los atenienses no tuvieron más remedio que aceptar aunque con una única reserva: que si uno de los jóvenes conseguía matar al Minotauro y salir del laberinto (cosa poco menos que imposible) no sólo salvaría su vida, sino también la de sus compañeros, y Atenas sería eximida de dicha condena.

Dos veces pagaron los atenienses el trágico tributo. Se acercaba ya el día en que por tercera vez la nave de velas negras, signo de luto, iba a surcar la mar. Entonces, Teseo, hijo único del rey de Atenas, Egeo, ofreció su vida por la salvación de la ciudad. El Rey y su hijo convinieron en que si a Teseo le favorecía la suerte, el navío que los volviera al país enarbolaría velas blancas.

La prisión de Creta, donde Teseo y los otros jóvenes fueron alojados como prisioneros, lindaba con el parque por donde las hijas del Rey Minos, Ariadna y Fedra, solían pasear. Un día el carcelero avisó a Teseo que alguien quería hablarle. Al salir, el joven se encontró con Ariadna, quien subyugada por la belleza y la valentía del joven decidió ayudarle a matar al Minotauro a escondidas de su padre. “Toma este ovillo de hilo y cuando entres en el Laberinto ata el extremo del hilo a la entrada y ve deshaciendo el ovillo poco a poco. Así tendrás una guía que te permitirá encontrar la salida”.

A la mañana siguiente, el príncipe fue conducido al Laberinto, tomó el ovillo, ató el extremo del hilo al muro y fue desenrollándolo a medida que avanzaba por los corredores. Tras mucho caminar, penetró en una gran sala y se encontró frente al temible Minotauro, que bramabndo de furor se lanzó contra el joven. El Minotauro era tan espantoso, que Teseo estuvo a punto de desfallecer, pero consiguió vencerle con la espada mágica. Le bastó luego seguir el hilo de Ariadna en sentido inverso y pronto pudo atravesar la puerta de salida.

pinturaTeseo salvó su vida, la de sus compañeros y liberó a su ciudad de tan horrible condena. Dispuestos ya a reembarcar, Teseo llevó a bordo en secreto a Ariadna y también a Fedra, quien no quiso abandonar a su hermana mayor. Durante el viaje y tras una feroz tormenta tuvieron que refugiarse en la isla de Naxos. Vuelta la calma, emprendieron el retorno. Pero Ariadna no aparecía, la buscaron, la llamaron, pero fue en vano. Finalmente abandonaron la su búsqueda y se hicieron a la mar.

Habían zarpado cuando Ariadna despertó en el bosque, después de caer extenuada por el cansancio. De pronto, y rodeada por una monumental ceremonia, se le apareció el joven más bello que jamás antes hubiera visto. Era Dionisios, dios del vino, quien le ofreció casamiento y hacerla inmortal. La joven aceptó y después de un viaje triunfal por la Tierra, el dios la llevó a su morada eterna. Uno de sus hijos, Enopión, fue el primer hombre en poder hacer vino en la tierra.

En tanto, en Atenas cundía la tristeza. El anciano Rey iba todos los días a la orilla del mar, esperando ver a su hijo retornar. Al fin, el barco apareció en el horizonte. Pero traía las velas negras y el anciano desesperó. Y es que Teseo, abatido por la desaparición de Ariadna, había olvidado izar las velas blancas, signo de su victoria. Loco de dolor, el rey Egeo se arrojó al mar que desde entonces lleva su nombre. Pasó el tiempo y los atenienses reunidos en asamblea ofrecieron la corona a Teseo, quien se casó luego con Fedra y reinó por largos años.

Y es por este mito por el que aparece la expresión que todavía se utiliza “El Hilo de Ariadna“, para referirnos al instrumento de que nos valemos para encontrar el camino que conduce a solucionar un problema complicado.

Categoría : cultura, literatura
Febrero 21, 2008
Opiniones : 4