Un país en proceso
Realmente espectacular. La experiencia de estar casi un mes volteando por Marruecos no tiene precio. Tras 7.500 km y tres semanas de ruta, puedo decir que ya conozco el Marruecos profundo. Realmente la impresión ha sido muy positiva, ya que el ir en nuestro propio coche nos permitió ir eligiendo cada día la ruta y las paradas en función de lo que nos iba pasando.
Ha sido positivo, pero duro. Con duro no me refiero a la cantidad de horas que hemos pasado conduciendo, que también, sino más bien a la posibilidad de ver la realidad de este pueblo desde dentro, desde su punto de vista, desde su cotidianidad, en su día a día. Creímos desde un principio que la esencia del viaje estaría en hacer lo que ellos hacen, en comer lo que ellos comen y sin más, en mimetizarnos al máximo con el entorno en que nos encontramos, y así fue. Supongo que por eso nos hemos venido con los ojos llenos de otras formas de vida y con un montón de anécdotas.
Es curioso como constantemente te pasan cosas, a veces al contrario que a ellos, que pueden estar días sin nada que hacer, dada su situación. Las ciudades más grandes empiezan a estar en mejores condiciones, pero las zonas más rurales dan la impresión de que no vayan a salir nunca de esa situación. Me impresionó mucho los niveles de pobreza que tienen en muchos lugares todavía, a pesar de que su situación política está en un proceso de cambio bastante positivo.
En cuanto a la ruta, estuvimos por todo el norte del país, Xefxaouen, un pueblo al lado del Rif que se caracteriza por sus calles encaladas y pintadas de azul y AlHucema, sede del turismo autóctono. Después bajamos hacia Erfoud, donde estuvimos un par de días con los chicos de la asociación Itrán, un grupo de educadores que estaban haciendo un casal de verano para los niños del poblado de al lado.
La llegada a Merzouga fue espectacular, era la primera vez que veía el desierto, y me quedé sin palabras. Se nos pasaban
las horas mirando las dunas sin darnos ni cuenta. En el Nomad Palace, la casa de Alí y Hassan, nos cuidaron maravillosamente, e incluso pudimos hacer uno de los famosos “baños de arena” que se hacen al mediodía en el desierto. Las fotos de esos días son impresionantes.
Pero las dos experiencias más bonitas fueron, la primera en Sidi Ifni, antiguo protectorado español, donde a parte de un entorno exquisito para lo que es el país, conocimos a Hassan el Largo y sus amigos. Un grupo de nostálgicos de la época española que conservan como oro en paño cientos de fotografías, recortes de periódico y otros recuerdos de esos momentos de su vida en que fueron más felices, según sus propias palabras.
La otra fue la de pasar varios días invitados a una boda en casa de la familia BenHassan, en Biougra. Una oportunidad única de conocer el funcionamiento de una familia tradicional desde dentro, hacer todo lo que ellos hacían y disfrutar juntos de unos días inolvidables, comiendo en torno de la misma mesa, compartiendo costumbres, aprendiendo a bailar como los bereberes, descubriendo el hamman (baño público donde te lavan hasta que casi parece que te vayan a arrancar la piel) y por supuesto celebrando la boda.
Nos vistieron para la ocasión y nos enseñaron todo aquello indispensable para pasar como uno más: cómo comportarse, los bailes, la importancia de los tatuajes de henna para las mujeres, los ritos tradicionales (como el ir a buscar a la novia a las tantas de la madrugada y llevarla a casa del novio) y en fin… no tengo palabras. Podría estar horas explicando cada detalle, cada momento que compartimos con ellos y todo lo que aprendimos juntos, una experiencia inolvidable.
Quizás haciendo una cervecita os explique más cosas y Carlos también os puede dar su visión, pero mientras podéis ir viendo las fotos del viaje. (si se hace click encima de la foto sale una I y podréis ver los comentarios)
Espectaculares tus fotos, me queda mucho por ver de ese país, gracias por mostrármelo de una manera tan bella.