Que la Iglesia va dos siglos por detrás del ritmo de la sociedad es algo que ya sabía, pero cuando ayer escuché que el Papa condenaba a Amnistía Internacional por defender el derecho de las mujeres al aborto después de una violación, me quedé sin palabras.
Según el Vaticano: “Colocarse de la parte de la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo representa una traición a la finalidad de esa institución defensora de los derechos humanos”.
Y añaden: “La Iglesia enseña que matar una vida humana inocente nunca es justificable. El aborto es un asesinato”. Justificar el aborto, incluso en los casos de violación, “es definir al niño inocente que está en el interior del útero como un enemigo, como una cosa que debe ser destruida”. “¿Cómo podemos decir que matar a un niño en según que casos está bien y en otros está mal?
Además, dicen que la “consecuencia inevitable de esa decisión será la suspensión de cualquier financiación a Amnistía Internacional por parte de organizaciones católicas y también de los católicos a nivel individual”.
Amnistía Internacional, por su parte, tiene puesta en marcha la campaña “No más violencia contra las mujeres“, donde denuncian cualquier acto de violencia, sea del tipo que sea, contra las mujeres. Según el texto de la campaña: “La violencia contra las mujeres es una vergüenza para los derechos humanos; sin embargo, en muchas sociedades la respuesta es el silencio, la apatía o la falta de interés de las autoridades. La inacción convierte a estas sociedades en responsables y cómplices de la violencia.”
Es en los conflictos armados donde se cometen algunos de los crímenes más sangrientos y bestiales contra las mujeres. La violación se utiliza para intimidar, conquistar y controlar a las mujeres y a sus comunidades, y se emplea como forma de tortura para extraer información, castigar y aterrorizar.
A menudo, las sobrevivientes de violación y otras formas de violencia sexual no hablan abiertamente. Pueden correr peligro de sufrir un severo castigo o incluso perder la vida por traer el “deshonor” a la familia. Otras mujeres pueden ser infectadas de VIH/sida y ser objeto del rechazo social.
El aborto es un tema peliagudo, siempre lo ha sido. En nuestro país a pesar de no estar legalizado como tal, sí que existen supuestos bajo los que se permite la IVE (Interrrupción Voluntaria del Embarazo), entre ellos el peligro para la salud física o psicológica de la madre o el feto, y por supuesto el embarazo por violación. Debería ser un derecho fundamental para las mujeres. En los países este derecho denota un signo de libertad, de progreso y de igualdad.
Mi opinión con respecto a la Iglesia (no hacia la fe cristiana) nunca fue demasiado positiva, pero desde luego, esto ha sido la gota que colmó el vaso (junto con el “consejo” prohibitivo sobre el uso de los preservativos). Por mi parte, creo en las declaraciones de AI cuando dicen que nunca han recibido dinero de la Iglesia Católica ni de ningún otro gobierno u organización pública. Si el Vaticano “invita” a sus fieles a dejar de ser socios o de hacer donaciones a Amnistía, para mi es un motivo más que suficiente para todo lo contrario: colaborar con ellos y apoyar su causa haciéndome socia.